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    Transporte público, un modelo sostenible | Clima y medio ambiente

    Azanías Pelayo

    PorAzanías Pelayo

    Nov 26, 2023

    El modo de transporte que elijamos para desplazarnos influirá en parte en la salud del planeta. La huella de carbono media por persona es de 5,9 toneladas al año, según datos de la ONU. No se trata de una cuestión baladí y, por ello, se ha convertido en una prioridad de la agenda internacional para luchar contra el cambio climático.

    El pasado mes de mayo, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió hacer del 26 de noviembre el Día Mundial del Transporte Sostenible. Una jornada que nos invita a todos a tomar conciencia de la importancia de trasladarnos de una forma respetuosa con el medio ambiente y de la necesidad de disponer de una red de transporte eficiente, seguro, asequible y accesible que apueste por la intermodalidad (la combinación entre medios de transporte).

    Así que hoy es un buen día para hacer balance: revisar el progreso y actualizar los desafíos. El transporte público es un servicio público esencial para garantizar el derecho a la movilidad de todos los ciudadanos. Los poderes públicos están obligados a regularlo y salvaguardarlo como medio para el ejercicio de otros derechos.

    La facilidad para viajar no sólo promueve la libertad de elegir dónde vivir –lo que podría ayudar a solucionar en parte el problema del acceso a la vivienda–, sino también el acceso a derechos esenciales como la salud, la educación y el trabajo, así como el turismo, el ocio y el deporte. . . También somos conscientes de que el epicentro de la contaminación está en las ciudades. El 70% de las emisiones se producen en las grandes ciudades, según datos del Ministerio de Transportes. Así, los derechos sociales y la responsabilidad climática son dos variables que deben combinarse en el modelo hacia el que avanzamos para que nadie se quede atrás. Comprometerse con un transporte público sostenible, ahora más que nunca, es importante para hacer las ciudades más habitables.

    Acabamos de comenzar un nuevo período político. En varias ocasiones me he referido a la que acaba de finalizar como “la legislatura del transporte público”, porque ha sido clave para la recuperación de España, tanto en la pospandemia como durante la crisis económica derivada de la guerra de Ucrania.

    Una de las medidas gubernamentales que más lo favoreció fueron los bonos al transporte público. Estas ayudas permitieron alcanzar cifras récord de demanda este año. El número de ciudadanos que eligieron el autobús para viajar aumentó más de un 20% respecto a 2022, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Según un estudio realizado recientemente por Greenpeace, esta medida habría permitido evitar la emisión a la atmósfera de 160 a 320 toneladas de dióxido de carbono (CO₂) por día tras el traslado de los usuarios del vehículo privado al transporte público. Por tanto, el impacto ha sido muy positivo tanto desde el punto de vista medioambiental como social.

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    En este sentido, es una buena noticia que el Gobierno haya manifestado su deseo de ampliar las reducciones en el transporte público durante 2024, y sobre todo que apueste por convertirlo en una medida estructural. La apuesta por un modelo de movilidad sostenible y moderno no puede reducirse a actuaciones aisladas y temporales, sino que debe ser uno de los ejes principales que estructuren un sistema de transporte accesible para todos.

    Pero debemos ir más allá. Su uso masivo debe ser el pilar fundamental del modelo de movilidad sostenible, y así lo reconoce el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. A travers ce plan, le ministère de la Transition écologique s’engage à ce que l’Espagne réduise ses émissions de gaz à effet de serre de 16,6 % entre 2020 et 2030. Au-dessus des 14,5 % exigés par l ‘Unión Europea. Este plan también prevé que los usuarios del transporte público aumentarán un 145% en 2025 y un 238% en 2030.

    Más inversión pública

    Para lograr estos ambiciosos objetivos sociales y climáticos, es esencial aumentar la inversión pública en movilidad. Hay que ampliar las redes de transporte público para ofrecer más capilaridad, más frecuencia y mejores estaciones. Además, es fundamental promover la intermodalidad para fomentar el movimiento de pasajeros entre diferentes modos de transporte y hacer que todo el sistema sea más seguro y eficiente.

    Asimismo, es imprescindible desarrollar una ley de financiación del transporte público que les proporcione un marco de financiación estable, regulado y no sujeto a variaciones drásticas, con el objetivo de que las administraciones regionales y locales puedan planificar el futuro del transporte con garantías. red. España es uno de los pocos países europeos que no cuenta con una ley estatal de estas características y el importe de la aportación estatal ha fluctuado en función de la situación económica.

    El transporte no debe verse como un fin en sí mismo, sino como un medio para lograr un desarrollo sostenible donde las personas y la descarbonización estén en el centro. Con motivo del primer Día Mundial del Transporte Sostenible, quiero expresar el compromiso del sector del autobús con un objetivo común que nos concierne a todos. Lo que está en juego es el aire que respiramos y la salud del planeta.

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