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    Marc Márquez rompe con Honda y fuerza su salida para competir con en el equipo Gresini | Motociclismo | Deportes

    Azanías Pelayo

    PorAzanías Pelayo

    Oct 4, 2023
    Marc Márquez, esta temporada, minutos antes de la salida de un gran premio.REPSOL MEDIA SERVICE (REPSOL MEDIA SERVICE)

    Marc Márquez no correrá con Honda la próxima temporada. Así lo ha anunciado este miércoles la marca japonesa tras acordar la rescisión de contrato del ocho veces campeón del mundo “de mutuo acuerdo”. El binomio más exitoso de la era moderna de MotoGP, con seis títulos en once temporadas de relación, llega así a su fin después de un culebrón de varios episodios, una auténtica telenovela. El serial ha provocado varias noches de desvelo y mucho sufrimiento al gran referente del certamen. También a los ejecutivos del mayor fabricante de motocicletas del mundo. Ambas partes llevaban meses discutiendo sobre cómo salvar el matrimonio en medio de los rumores crecientes sobre la ruptura definitiva, que ha resultado finalmente inevitable tras no haber sido capaz Honda de convencer al piloto con su proyecto de futuro, que pasaba por europeizar la estructura y colocar al frente del departamento de carreras a un líder como Gigi Dall’Igna, alma mater de la nueva Ducati. Aunque es una mera cuestión burocrática, solo falta conocer ahora el destino del piloto en 2024.

    El Team Gresini, equipo privado cliente de Ducati, lleva todo el año reservándole un asiento al hermano mayor de los Márquez. En sus filas corre Álex, el pequeño de la familia, que este curso se ha reencontrado con su mejor nivel en la categoría reina tras seguir el mismo camino. El de Honda a Ducati sería un movimiento que sacudiría los cimientos del Mundial. Los amigos y enemigos del 93 saben que llevan demasiado tiempo sin poder disfrutar, o padecer, la mejor versión del piloto de Cervera. Entre el calvario de lesiones -que le obligó a pasar hasta cuatro veces por quirófano para recomponer el húmero derecho dañado en Jerez 2020- y la pérdida de rumbo en la dirección técnica de las marcas japonesas, y en concreto de Honda, Márquez lleva cuatro temporadas sin poder luchar de tú a tú por las posiciones de cabeza.

    El salto al vacío, dejando atrás el mejor salario de la parrilla (unos 15 millones de euros) y a la marca que lo apostó todo por él, indica el agotamiento tras estos años de penuria y el hambre del piloto a la hora de pelear de nuevo por el título. Ese siempre ha sido su objetivo, y uno de los puntos sobre los que más ha incidido a lo largo del año, cada vez que se le ha preguntado por el futuro. Al empezar la temporada, el catalán ya avisaba de que el principal impedimento no sería su forma física: se sentía mejor que nunca a sus 30 años tras un invierno de preparación a destajo. “Cuando acabaron los tests en Valencia, en noviembre, apreté a Honda, lo hice en público y en privado, todavía más. Porque tocaba”, aseguraba en una entrevista con EL PAÍS. Era el primer aviso serio a la marca, pero por aquel entonces no se percibía todavía la posibilidad de ruptura.

    El gran premio inaugural del campeonato, el pasado 26 de marzo en Portugal, es quizás el mejor resumen de por qué se ha roto definitivamente el vínculo entre Márquez y la marca de su vida. En Portimao, el piloto sorprendió a todo el mundo con la ‘pole position’ y un podio en la carrera al ‘sprint’, un resultado muy por encima de las posibilidades de su montura. Al día siguiente, en la carrera larga del domingo, quedó claro cuánto estaba apretando el de Cervera, siempre al límite a costa de su físico y, en ocasiones, el de los demás. En la tercera curva del gran premio, el 93 forzó demasiado la frenada, impactó con Jorge Martín (Ducati) y luego embistió a Miguel Oliveira (Aprilia). El accidente le provocó una nueva fractura, esta vez en el pulgar izquierdo, y le obligó a perderse tres carreras consecutivas tras una nueva operación. Las lesiones, su mayor pesadilla, habían vuelto. Y la frustración iba al alza al ver a sus compañeros de parrilla tumbado en el sofá de casa.

    El retorno de Márquez tras otro mes y medio de parón demostró que la Honda estaba demasiado lejos de sus aspiraciones. Siguió apretando, jugándose el bigote en cada curva, y el campeón encadenó una caída tras otra los domingos. Fue el gran premio negro en Sachsenring, su circuito talismán, el que desató todos los engranajes de su marcha. Tras sufrir un récord personal de cinco costalazos a lo largo del fin de semana, renunció a participar en una carrera que había ganado de forma consecutiva en sus últimas 11 participaciones. “Llueve sobre mojado. Descontando la lesión, a nivel mental es el momento más duro de mi carrera deportiva”, diría a la semana siguiente en Assen, donde también optó por no correr después de añadir otras dos caídas. Acumula 20 a lo largo del certamen.

    Coincidiendo con el parón veraniego, la relación alcanzaba su punto más bajo. “No se quiere ir, pero se ve obligado a pensárselo”, reconocían miembros de su entorno a este periódico. Hasta el equipo entendía la frustración de Márquez, su diamante en bruto. “Marc tiene contrato, pero en la vida todos somos libres para decidir lo que queremos hacer. Honda no quiere mantener a gente que está infeliz”, declaraba Alberto Puig, director deportivo del equipo oficial de la fábrica. El piloto, a sabiendas del lío morrocotudo en el que se metía, empezó entonces a valorar sigilosamente todas las opciones que le ofrecía la parrilla.

    Las conversaciones llegaron a un impasse con KTM, encantada de contar con él de cara a 2025. La marca austríaca intentó incluso montar un nuevo equipo satélite para darle cobijo, pero esa puerta la atrancó la promotora Dorna, tan solo interesada en ampliar la parrilla con la entrada de una nueva fábrica. Las otras opciones fueron cerrándose ante la complejidad de romper el contrato millonario con Honda y la propia indecisión del piloto, afectado por el fuerte vínculo emocional que le unía a la marca. Los primeros puntos de la dupla de Honda en domingo no llegaron hasta la décima carrera del certamen, en Austria. Después de aquello, ni el “podio romántico” en Japón, como él mismo lo definió, le ha hecho cambiar de opinión, frío y racional cuando las cosas se ponen feas.

    Desde Motegi, Gigi Dall’Igna asumía entrelíneas la inminente llegada del octocampeón del mundo. “Marc ha sido uno de los pilotos más fuertes de la historia, así que el hecho de que quiera subirse a una Ducati solo puede alegrarnos”, decía el máximo responsable de Ducati en declaraciones a Sky Italia. El ingeniero italiano, el gurú que ha transformado la Desmosedici en la moto de referencia, fue pretendido por los japoneses en un último intento desesperado de convencer a Márquez. Él indicó que el cambio debía empezar por la contratación de ingenieros con acento europeo, algo que todavía no ha ocurrido. La fusión del departamento de MotoGP y Fórmula 1 fueron pasos en la “buena dirección”, pero los cambios profundos que Márquez pidió no han sido más que un intercambio de cromos entre técnicos japoneses.

    Por su lado, el cabecilla de la marca de Bolonia, rechazó la oferta de Honda. Los principales dirigentes italianos pasaron de censurar la posibilidad de ver al 93 con una de sus balas a ver con buenos ojos una posible llegada. “Cualquier equipo quiere tener a Marc. Es un piloto de presente y futuro”, reconocía recientemente Davide Tardozzi, jefe del equipo oficial de Ducati.

    Gresini, equipo satélite de Ducati, tiene independencia para contratar a sus pilotos. La preocupación del fabricante italiano es que la llegada del catalán pueda alborotar un gallinero que incluye al vigente campeón Pecco Bagnaia y a los otros dos aspirantes al título esta temporada, Jorge Martín y Marco Bezzecchi. Entre las dudas por resolver de cara a 2024 será con qué material contará el de Cervera.

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