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Casi un tercio del suelo de Murcia y Almería se ha vuelto árido en la última década | Clima y medio ambiente

Casi un tercio del suelo de Murcia y Almería se ha vuelto árido en la última década |  Clima y medio ambiente

La desertificación avanza sin cesar en España. Lento y silencioso, pero implacable. Esta degradación provocada por el hombre tiene consecuencias nocivas sobre el paisaje, con suelos cada vez más pobres y erosionados, y funciona como un tifón a cámara lenta que deteriora y acaba con la base de cultivos y montañas. A este fenómeno creciente hay que sumar la aridificación del territorio, generada por el clima. Del sureste peninsular destacan dos víctimas: Almería y Murcia. Si el primero sumó 3.025 kilómetros cuadrados de tierra firme durante la última década, un tercio de su superficie total, o 8.774; el segundo añadió 2.983 kilómetros cuadrados, algo menos de un tercio de su extensión, 11.303. Estos suelos antes eran semiáridos y ahora se han degradado hasta convertirse en áridos, según el último estudio sobre la desertificación en España elaborado por la Estación Experimental de Zonas Áridas de el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con sede en Almería.

En el extremo occidental de Murcia, frente a la Sierra de la Zarza, la situación es dramática y desde septiembre hasta el pasado viernes llovieron sólo 12 litros por metro cuadrado. Es decir, en la práctica, nada. Finalmente, este fin de semana cayeron otros 19 litros, lo que trajo algo de esperanza. En la finca La Junquera, el suelo pedregoso está compuesto por regosoles calcáreos, con unos 20 centímetros de sustrato rocoso y un PH elevado –7,5– que condiciona la vegetación. “Soy testarudo y soñador”, explica su propietario Alfonso Chico de Guzmán. “Hasta hace un año era optimista, pero ahora estoy preocupado, tengo miedo. El año pasado tuvimos la mitad de cosecha, pero este año no tendremos nada porque los almendros están agotados. Ya hemos retirado los cereales por la imposibilidad de las cosechas, y sin cosechas no se puede sobrevivir. En la carretera cercana, a 1.200 metros de altitud, las franjas de nieve azules y amarillas son ahora decorativas porque hace cinco años que no neva.

La superficie hoy considerada árida, que antaño abarcaba sólo la pequeña zona que va de Almería a Tabernas en toda Europa, con 307 kilómetros cuadrados, se extiende ahora por el resto de esta provincia andaluza hasta alcanzar los 3.025 kilómetros adicionales. A ellos se suman 2.983 kilómetros cuadrados en Murcia -donde antes no había secano- y 733 en Alicante. La paradoja es que Almería y Murcia son consideradas la huerta de Europa por su mar de plástico con invernaderos de hortalizas que requieren un riego continuo, mientras la aridez de sus suelos aumenta sin freno.

El estudio, elaborado con datos meteorológicos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), compara la década 2000-2009 con la más reciente década 2010-2019, y el resultado es demoledor: la zona árida pasó de 307 kilómetros cuadrados en la primera década a 7.101, extendiéndose desde Andalucía hasta Murcia y la Comunidad Valenciana. Un total de 80.498 kilómetros cuadrados de todo el país (15% de su superficie) han sufrido la aridificación de sus tierras durante la última década, lo que ha empeorado su estatus en la progresiva clasificación de climas húmedos, húmedo subhúmedo, seco subhúmedo, semi-húmedo y semi-húmedo. árido. árido, establecido por las Naciones Unidas.

Vista aérea de la finca La Junquera, en el extremo occidental de la región de Murcia. PACO PUENTES

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A lo largo de la última década, la aridez ha aumentado más del 84% de la superficie peninsular española y sólo ha disminuido más del 16%, según el informe que los científicos presentarán al Ministerio de Transición Ecológica el próximo mes de junio, cuando se conocerán sus datos. hecho público. La velocidad con la que se afianzó el fenómeno, comprobable estos meses por la extrema sequía que afecta a la franja mediterránea, dejó atónitos a los científicos. “España está en una situación peligrosa, principalmente porque no gestiona bien el agua, la superficie de regadío está aumentando y esto puede degradar el suelo, todo ello en un entorno climático desfavorable. Las condiciones climáticas han evolucionado hacia una mayor aridez a lo largo de la última década”, ilustra Gabriel del Barrio, biólogo jefe del equipo de la Estación Experimental del CSIC, experto en degradación ecológica y análisis de redes de conservación de la naturaleza.

“Ha llovido menos, ha hecho más calor, ha disminuido la humedad y el viento es más seco. Todas estas variables entran en el índice de aridez y pueden interpretarse como un reflejo del cambio climático hacia condiciones más cálidas y secas. “No hacemos cocina meteorológica, sólo aplicamos datos de Aemet”, explica.

La aridificación afecta principalmente a Murcia, Andalucía, Comunidad Valenciana, Extremadura y las dos Castillas. Si en la Comunidad Valenciana 7.209 kilómetros cuadrados pasaron de subhúmedos a semiáridos, en Castilla-La Mancha fueron 7.687, en Castilla y León 7.408, en Andalucía 5.874 y en Extremadura 4.373. La única región que no lo hizo, Asturias no ha sufrido aridificación.

La llamada «degradación activa», que supone la pérdida de producción vegetal provocada por la actividad humana, afecta hoy entre el 3 y el 4% y el 7% del suelo, según el margen de error que contienen las imágenes de satélite, mientras que en la última década representaba en torno al 1% del territorio español, por lo que al menos se ha triplicado. “Incluso repetimos los cálculos porque es mucha más degradación”, dice Del Barrio.

Víctor Castillo, ingeniero del Centro de Ciencias del Suelo y Biología Aplicada del CSIC Segura, con sede en Murcia, que desarrolló hace dos años la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación, subraya: “La desertificación se puede entender como una demanda de suelo de mayor producción. que no puede dar, superando un umbral de resiliencia y continuando explotándolo. Un ejemplo es el de los cultivos subtropicales de la Axarquía, sin recurso hídrico. Y recomienda: “La gestión del territorio es un elemento crucial y la mejor fórmula es la prevención, porque el colapso ambiental es un problema socioeconómico grave y la restauración es difícil y costosa. »

La degradación de la tierra, causada por actividades humanas y muy difícil de revertir, generalmente no es un fenómeno visible para el ojo humano. La vegetación natural y agrícola es generalmente muy resistente, pero a veces muere con el paso de los años. Para obtener una visión regular y sostenida en el tiempo, los científicos toman períodos de observación del suelo durante décadas y aplican modelos estadísticos.

Un campo de lechugas puede estar ubicado en suelos semiáridos o áridos, regados con agua de acuíferos, cuya recarga es lenta y limitada, y que ha generado un problema en gran parte del país. El constante riego de determinadas tierras salinas disuelve las sales y estas suben a la superficie, volviéndolas salinizadas e inutilizables, un fenómeno detectado por los satélites, cuyas largas series de imágenes revelan cómo la producción y la biomasa de la cubierta vegetal están disminuyendo.

Las cosechas pueden durar años, pero llega un momento en el que hay que abandonar la tierra por su alta salinización, falta de nutrientes y materia orgánica y porque las semillas no pueden enraizar. Mientras tanto, los incendios, la falta de lluvias, la sobreexplotación de los acuíferos y el riego intensivo también juegan en nuestra contra.

Finca Puerto Viejo, en la localidad de Chirivel, Almería, la semana pasada.PACO PUENTES

Hace treinta años, las Naciones Unidas establecieron un índice de aridez para determinar el rango climático en el que se produce la desertificación cuando la ciencia confirmó que era un fenómeno global. Los desiertos, inicialmente excluidos, son territorios hiperáridos que reciben menos del 5% del agua necesaria para la atmósfera. La mayor parte de España es una zona semiárida con un clima que presenta suelos que contienen entre el 20 y el 50% del agua demandada por la atmósfera.

El estado firmó la Convención de las Naciones Unidas contra la Desertificación en 1994, pero fue sólo hace dos años que el gobierno desarrolló su estrategia nacional para combatir la desertificación. A día de hoy, todavía no hay un presupuesto específico para actuaciones concretas, aunque Transición Ecológica afirma haber impulsado un proyecto piloto para la metodología del próximo Inventario Nacional de Suelos y otro proyecto para elaborar el Atlas de la Desertificación de España, ambos previstos para 2025, además de las acciones informativas. . Mientras tanto, el gobierno mantendrá una alta presión de riego sobre las reservas de agua hasta 2027 y sus 3,8 millones de hectáreas de cultivos no disminuirán por el momento.

La Junta de Andalucía (PP) carece de planes concretos para frenar el deterioro de sus suelos, pese a la velocidad con la que se ha desarrollado en su zona oriental. El Gobierno de Murcia (PP) destaca el llenado de 131 estanques en espacios naturales protegidos, riegos de emergencia, obras forestales y su adhesión al Manifiesto de la Misión Europea sobre los Suelos, aunque no cuenta con una estrategia y presupuesto específico para luchar contra la desertificación. En la Política Agrícola Común de la Comisión Europea existen instrumentos como ayudar a los agricultores a que dejen de arar parte de sus tierras y pueda florecer más vegetación, pero su cuantía y alcance económico son limitados.

El porcentaje de degradación activa del suelo del 1% que España mantiene desde hace décadas es el más común del mundo, aunque hay casos muy extremos como el de Mozambique, con un 13% de su superficie debido a la deforestación, o Palestina, con un 19%. por la falta de espacios rurales y la aceleración de la degradación del suelo por la sobrepoblación demográfica.

Si la degradación continúa al ritmo actual y con el escenario climático de mayor aridez, España ya no tendrá en el futuro desiertos, sino sitios degradados, tierras áridas con suelos estériles donde las semillas no pueden echar raíces. ¿Qué perspectivas ve para las próximas décadas? “No soy optimista, el tiempo no nos ayuda. Los seres humanos tienen la capacidad cognitiva para lograr el declive, pero agotarán todos los recursos y el sistema colapsará. La historia está llena de ejemplos socioeconómicos a los que se les acabó el agua. Quizás emigremos”, concluye Del Barrio.

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Por Azanías Pelayo

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