“La situación es muy preocupante y lo peor es que no vemos el final”, comenta David Montserrat, técnico del Servicio de Prevención de Incendios Forestales de la Generalitat, sobre la muerte masiva de árboles en Cataluña a causa de la sequía. Este experto considera que los bosques catalanes se encuentran en “un escenario catastrófico al que se sumará el riesgo de incendios a medida que se acerque la primavera”.
Una estimación preliminar realizada por la Generalitat a través de imágenes de satélite estima que la mortalidad puede alcanzar más de 10.000 hectáreas. Como explica Anna Sanitjas, directora general de Bosques y Gestión Ambiental de la Generalitat, «todos los indicadores del estado de la vegetación indican que nunca en los últimos 30 años la vegetación había estado tan seca en febrero». Según detalla, «las situaciones más críticas» se dan en el norte de Girona, en la Cataluña central y en la región de Barcelona y Penedés. Tras tres años de sequía acumulada, la escasez de agua en general es bastante «homogénea y desastrosa», a excepción de las Terres de l’Ebre, donde llovió. Por su parte, Montserrat considera que la línea que va del Garraf al Alt Empordà pasando por la costa y la precosta «presenta el peor nivel de sequía profunda y la mortalidad de árboles más dramática». Como se mencionó, muchos árboles muertos representan un “peligro” porque pueden caer con el viento, propagando plagas y permitiendo que el fuego se propague. “Son un polvorín”, afirmó.
“Todo el ecosistema que sostienen los árboles está en peligro”, advierte el director general de Bosques. «Si perdemos 30 o 50 hectáreas en total, tendremos un problema grave».
La falta de lluvias combinada con temperaturas récord, viento y baja humedad, y el abandono de la tala y el manejo forestal, constituyen una combinación desastrosa, que puede volverse explosiva cuando llegan los meses más calurosos. Actualmente, los estragos de la persistente sequía ya son muy visibles en el paisaje, como muestran las fotografías realizadas por voluntarios del proyecto Alerta Forestal del Centro de Investigaciones Ecológicas y Aplicaciones Forestales (CREAF).
Para Montserrat, «falta silvicultura porque la madera del bosque mediterráneo no es competitiva, no está gestionada y acabamos teniendo muchos árboles y arbustos que forman una biomasa enorme». Esta situación hace que “tengan que competir entre ellos por la poca agua que hay en el suelo”, explica el técnico. Asimismo, Sanitjas destaca que la “emergencia forestal” viene marcada por dos grandes factores: los efectos del cambio climático con esta extraordinaria sequía y el abandono de la gestión de las zonas forestales. «En los últimos 40 años la sociedad catalana no ha invertido en bosques, se ha centrado en las zonas urbanas y los bosques han crecido de forma desordenada, volviéndolos muy densos, con muchos árboles que no sobreviven, y necesitan que reduzcamos la cantidad de árboles para promover la supervivencia”, dice.
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Entre las especies que más están muriendo se encuentran los pinos. El pino carrascoPinus halepensis), que se distribuye a baja altura, “es la especie mediterránea por excelencia, capaz de resistir las sequías que se avecinan”. Sin embargo, como advierte Sanitjas, “se está desmoronando”. Pino silvestre (pinos silvestres) es una especie de media montaña procedente de Europa Central que se encuentra amenazada en zonas situadas en el límite de su distribución, en la Cataluña central y el Prepirineo. Y el pino negro (Pinus uncinata), propio de la alta montaña, lleva años en decadencia en la Cerdanya. Como señala Monserrat, “los pinos resisten bien al principio, pero el hecho de tener raíces superficiales y la imposibilidad de perder las hojas hace que se desplomen antes que, por ejemplo, los robles”.
Las especies de hoja caduca como las hayas, las encinas o los robles tienen más estrategias de supervivencia, como lo que el técnico denomina “falso otoño cromático”. A mediados del verano, por falta de agua, estos árboles pueden perder sus hojas. “Ésta es su estrategia para sobrevivir y la primavera siguiente lo volverá a intentar con nuevos brotes”, explica Montserrat. Desde el CREAF, la investigadora Mireia Banqué afirma: “Nunca habíamos visto cantidades tan masivas de árboles perennes como el roble perdiendo sus hojas para sobrevivir. Cierran las “válvulas” de agua de las hojas, se vuelven letárgicas. » En 2012, los expertos detectaron 40.000 hectáreas en grave deterioro; Este año predicen que será mucho peor.
Estos especialistas advierten de que en unos años varias especies de vegetación presentes desde hace siglos en los paisajes catalanes podrían desaparecer y ser sustituidas por otras más propias de un clima semidesértico. “No es fácil cuantificar valores exactos, da miedo porque nos dirigimos hacia un escenario desconocido. Tenemos árboles adaptados a un clima que ya no existe, el paisaje acabará adaptándose y será totalmente diferente al que conocemos», defiende Montserrat. Asimismo, Banqué vaticina que, si hay un gran incendio, «la vegetación que crezca se Seguramente no será lo mismo que desde hace décadas o siglos. Un cambio de paisaje provocará también un cambio de especies animales, lo que afectará notablemente a la biodiversidad. Zorros, tejones, búhos, pájaros acuden a los pequeños estanques en busca de agua. Las cámaras de vida silvestre instaladas por algunos naturalistas muestran animales desesperados por beber. La desventaja de la flora respecto a la fauna es que no puede escapar de la situación.
“La costa de la cuenca mediterránea de la Península Ibérica es donde la sequía está más extendida en Europa”, explica Montserrat. «Si no llueve y llegamos al verano con esta sequía cada vez peor, será un verano sin precedentes porque nunca hemos experimentado algo como esto».
El 65% de la superficie de Cataluña está cubierta por bosques, de los cuales el 50% son bosques densos. Desde el Departamento de Acción Climática están trabajando en la retirada de árboles muertos. Según explican, lo hacen por motivos de seguridad y prevención. Limpian las masas forestales en sus límites para que queden menos árboles y tengan más posibilidades de sobrevivir.
Las fuentes de la cuenca mediterránea se están secando
Los manantiales de la región mediterránea se están secando, según una reciente revisión científica publicada en Biología del cambio global y liderado por el CREAF. Como señala el centro de investigación catalán, se trata de una tendencia preocupante, porque estos puntos de agua son zonas calientes de biodiversidad y albergan multitud de especies, como determinados musgos, anfibios y crustáceos, con un nivel de endemismo inusualmente alto. La persistencia de olas de calor y episodios de sequía, sumada a la contaminación del agua provocada por la agricultura y ganadería intensiva, los microplásticos o los productos farmacéuticos, son las principales causas de esta pérdida de fuentes. Según la publicación científica, el 46,2% de los 31 manantiales de Cataluña se han secado desde que se inició el seguimiento en 2013. “Esto nos da pistas sobre lo que puede estar pasando en otros lugares”, advierte Marcos Fernández-Martínez, investigador del CREAF.
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