En la laguna de Fuente de Piedra (Málaga), donde crían miles de flamencos, cada invierno se depositan una media de 400 kilos de plástico. Son transportados a los cultivos de gaviotas sombrías (Larus fusco) que se alimentan de los vertederos circundantes, indica un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Los investigadores siguieron a 45 ejemplares durante 10 años y analizaron excrementos y bolitas -bolas de comida no digerida que regurgitan las aves- en esta laguna de agua salada, la mayor de Andalucía y la segunda del interior de la Península Ibérica. “Se puede encontrar cualquier cosa, desde restos de un cochecito de juguete hasta trozos de biberones, biberones, tapones, bolsas, gomas, mascarillas, cuerdas o cristales, entre otros”, describe Víctor Martínez, autor principal del estudio e investigador. en el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC).
El principal material identificado es el polietileno (54%), componente de embalajes y bolsas, seguido muy de lejos por el polipropileno (11,5%) y el poliestireno (11,5%). Para determinar la cantidad y naturaleza del plástico transportado por estos transportadores alados accidentales, combinaron sus patrones de movimiento con recuentos de aves en Fuente de Piedra y estudios dietéticos de los restos regurgitados por grupos de hasta 20.000 gaviotas que invernan allí. «El 86% de las bolas expulsadas contenían plástico y el 96% otros desechos como vidrio y textiles», dijeron los científicos. Sólo el 1% se detectó en las heces.
La gaviota sombría es abundante en la reserva natural lagunar, de aproximadamente 1.475 hectáreas de extensión, donde la especie pasa el invierno tras viajar desde Reino Unido, Países Bajos y Bélgica, lugares donde se reproduce. Su número ha aumentado desde que se construyeron los vertederos, dicen los científicos. En estas instalaciones localizan fácilmente residuos orgánicos para alimentarse, que se mezclan con restos de plástico. Algunos recorren hasta 80 kilómetros (ida y vuelta) hasta el centro de tratamiento de residuos en la ciudad de Córdoba. “Aunque, normalmente, visitan otros pueblos más cercanos como Antequera o Montalbán”, explica Martínez. También se alimentan en los campos de cultivo que rodean la laguna donde abundan los olivos.
“Si consiguiéramos reducir la cantidad de plástico que generamos y mejorar su separación de la parte orgánica de los residuos, menos residuos acabarían en los vertederos y se reducirían los muestreos, porque aunque estas instalaciones retienen cada vez más residuos en galpones, entran las gaviotas. por la puerta”, añade el científico. Además, es un animal muy inteligente, que detecta inmediatamente los riesgos. “Empiezas a capturarlos en un basurero y al día siguiente ya no están, nos conocían, nos registraron”, describe.
La ingestión de plástico es perjudicial para las aves e incluso puede resultar mortal, pero este estudio demuestra que también puede provocar problemas en los ecosistemas naturales, que las aves utilizan como zonas de descanso o de reproducción. Andy Green, coautor del artículo e investigador de la Estación Biológica de Doñana, afirma que «ésta es, con diferencia, la principal fuente de plásticos que entran en Fuente de Piedra, materiales que acaban descomponiéndose en partículas más pequeñas». Y es probable que se queden en la laguna porque no hay drenaje porque es endorreica y se vacía por evaporación. “Permanecen allí transformados en microplásticos y acaban encontrándose en la fauna de la laguna, en particular entre los flamencos rosados”, explica Green.
Fuente la Piedra es una de las zonas de cría de flamencos más importantes, aunque la falta de agua provocó su huida el año pasado. Sin embargo, el año anterior, en junio, 17.000 aves estaban criando a sus polluelos. “Necesitan de tres a cuatro centímetros y no sé si este año se conseguirá”, explica Felipe Álvarez, de SEO/BirdLife. Además de esta especie, la laguna es refugio de grullas, patos y especies en peligro de extinción como la malvasía cabeciblanca, el pato real y la cerceta gris.
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No es sólo el caso de las gaviotas, existen otras aves oportunistas como la cigüeña blanca (ciconia ciconia) que también buscan comida en los vertederos. Un estudio evaluó ejemplares de esta especie que utilizaban el complejo de residuos de la Bahía de Cádiz. En promedio, contaron 599 cigüeñas por día moviéndose entre el vertedero y un complejo de salinas y marismas donde regurgitaban bolitas que contenían una media de 0,47 gramos de residuos plásticos, en su mayoría polietileno. Los modelos utilizados llevaron a los científicos a estimar que 99 kilos y más de dos millones de partículas de plástico fueron trasladadas al humedal.
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