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    Neuroderechos: el peligro de los implantes cerebrales y las tecnologías de lectura de mentes llega al Congreso | Ciencia

    Azanías Pelayo

    PorAzanías Pelayo

    Feb 21, 2024

    Rafael Yuste siente sobre sus hombros un peso similar al de Robert Oppenheimer, el líder del Proyecto Manhattan que desarrolló la bomba atómica. En su caso, el armado Lo que le quita el sueño –y que aún no ha explotado– es la neurotecnología, un campo en el que es un experto de primer nivel. Este neurocientífico español de la Universidad de Columbia, que convenció a la Casa Blanca para invertir cientos de millones en un mapeo del cerebro, sabe que las tecnologías de lectura de mentes son reales y peligrosas. Implantes para conectar el cerebro a las máquinas, dispositivos que inducen recuerdos, dispositivos que leen los pensamientos: ya están siendo desarrollados en laboratorios de todo el mundo y por empresas como Elon Musk, que ya ha implantado su primer chip en un ser humano. Es por ello que desde 2017, Yuste ha viajado por el mundo para lograr que los gobiernos protejan los neuroderechos, los derechos del espíritu humano, a través de leyes. Ya lo ha logrado en Chile, Brasil, México y Estados Unidos. La próxima semana se presentará con todo este convencimiento al Congreso de los Diputados, para que España se sume a este club de vanguardia y sea el primer país europeo en defender legalmente la intimidad del pensamiento.

    “Voy allí con la mejor intención del mundo, lograr un consenso de todos los partidos políticos. Es parte de mi deber convencer a todo el espectro, desde los separatistas hasta Vox, porque eso es lo que hemos conseguido en otros países”, explica Yuste por videoconferencia. El lunes 26, el neurocientífico presentará la película a los honorables diputados. teatro del pensamiento (teatro del pensamiento), que filmó junto al famoso cineasta Werner Herzog para advertir de los riesgos de las neurotecnologías para la privacidad, la identidad y el libre albedrío. El martes 27, a puerta cerrada con los parlamentarios, tendrá lugar un diálogo con especialistas sobre las implicaciones éticas de los avances en neurociencia.

    «El objetivo no es sólo pasar un buen rato debatiendo sobre este tema, sino explorar la posibilidad de desarrollar en España un proyecto de ley que cubra este ámbito, impulsando una ley específica de protección, como se hace en otros lugares», reconoce Yuste, presidente del Fundación Neuroderechos. “De esta manera se incorporará, aunque tarde, pero más vale tarde que nunca, a todo lo que está pasando en el resto del mundo con este tema”, explica el español, codirector del Centro de Neurotecnología de Columbia. Yuste, de Madrid, lamenta que mucha gente crea que es chileno, porque logró mover a los legisladores de ese país antes que a los del suyo.

    “Es un tema en el que todos coinciden mágicamente porque a nadie le gusta la idea de que le lean el pensamiento”, dice entre risas. El neurocientífico no teme las dificultades de la política española para alcanzar consensos: lo ha conseguido en entornos políticos tan polarizados como Chile, Brasil, México y Estados Unidos. En este último país logró su éxito más reciente, este mes: El estado de Colorado ratificará la primera ley de protección del cerebro del mundo, técnicamente hablando. En Chile y Brasil esto se ha logrado antes, pero no a través de regulaciones específicas, sino más bien a través de un reconocimiento más abstracto en enmiendas constitucionales.

    El escenario español de unión de izquierdas y derechas es favorable, pues ya se han puesto de acuerdo en lo importante, el dinero, con la firma de dos de las administraciones más enfrentadas de España, las encabezadas por Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso. La sede del desarrollo de los neuroderechos será el futuro Centro Nacional de Neurotecnología, España Neurotech, que contará con una plantilla de 400 empleados y una financiación de 200 millones hasta 2037: el 60% correrá a cargo del Gobierno central y fondos europeos y el 40 % la Comunidad de Madrid (78 millones) y la Universidad Autónoma de Madrid, en cuyo campus se ubicará.

    En este Centro Nacional de Neurotecnología habrá un equipo de 30 personas, «el grupo más importante del mundo», en palabras de Yuste, «trabajando en el campo de las neuroleyes desde el punto de vista científico, médico, tecnológico, pero también legal”. visión, ética, filosofía, con la intención de adoptar el enfoque de derechos humanos para anclarlo en medio de la neurotecnología en todo el mundo. La promoción científica de este centro, en colaboración con Yuste, corre a cargo de José Carmena, de la Universidad de California en Berkeley, y Álvaro Pascual-Leone, de la Universidad de Harvard.

    Isabel Díaz Ayuso y Rafael Yuste en los laboratorios de la Universidad de Columbia, Nueva York (Estados Unidos), en octubre de 2023.la comunidad de madrid

    Ayuso mostró especial interés por la iniciativa española Neurotech, tras haber visitado Yuste en Colombia durante su estancia en Nueva York en octubre. Y el gobierno de Sánchez ha impulsado desde el principio el valor de estos nuevos derechos mentales. La Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial incluyó los neuroderechos en su Carta de Derechos Digitales de 2021 (punto XXVI). Y la vicepresidenta Nadia Calviño aprovechó la presidencia rotatoria de la UE para que treinta países las reconocieran en octubre de 2023 en la Declaración de León, “el primer documento europeo que establece principios éticos para el desarrollo y uso responsable de las neurotecnologías, con dimensión humana”. enfoque centrado. Un portavoz del Secretario de Estado también afirma que otros esfuerzos han “contribuido a fortalecer el debate sobre los neuroderechos a nivel europeo e internacional”. Pero todavía no hay nada en España con estatus regulatorio.

    Oficina C

    La reunión de Yuste con los diputados es facilitada por la Oficina de Ciencia y Tecnología del Congreso, denominada Oficina C, que se dedica a asesorar a través de informes sobre temas específicos para mejorar el conocimiento del Parlamento en cuestiones técnicas. Su última ronda de informes incluye un informe sobre avances en neurociencia, y la reunión de la próxima semana coincide con la presentación de esos documentos al Senado. En el debate a puerta cerrada del martes también participarán Pascual-Leone, Mavi Sánchez Vives (de ICREA) y Liset Menéndez de la Prida (del Instituto Cajal, CSIC), que han colaborado en la elaboración del informe para los diputados, como el propio Y usted.

    El documento también incluye los neuroderechos, que sus impulsores definieron en un artículo de revista Naturaleza de 2017, y que hoy se pueden resumir en cinco: el derecho a la identidad personal, por la integración del cerebro con la tecnología y la influencia de los algoritmos; al libre albedrío, porque las herramientas tecnológicas comprometen la autonomía humana; a la privacidad mental, la más urgente, porque ahora se puede recopilar información del cerebro; al acceso equitativo, para no incrementar las desigualdades existentes; y protección contra sesgos, para corregir sesgos en los algoritmos y prevenir la discriminación.

    «La neurotecnología toca directamente la esencia del ser humano, es decir, nuestro cerebro. Por eso es justo que abordemos el problema desde una perspectiva de derechos humanos», explica Yuste. Hasta ahora, las únicas objeciones que ha encontrado en su proselitismo provienen de ciertos grupos de presión empresarial: «Todo el mundo está de acuerdo cuando se lo dices, excepto ciertas partes de la industria tecnológica que lo ven como una amenaza y no quieren que sea así». . regulación». De todos modos, cree que su trabajo «es hablar con todos y convencerlos, para que sea mucho más fácil si se presenta un proyecto de ley más tarde, para que reciban un apoyo rápido y funcione sin problemas».

    En su documental, Herzog pregunta a un científico: «¿Podrías en el futuro leer mi mente y conocer mi próxima película incluso antes de rodarla?». » Mientras se resuelven cuestiones preocupantes como ésta, algunos científicos esperan que se legisle antes de que podamos leer (y manipular) la mente de Herzog. Y el de cualquier otro humano.

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