En diciembre, la turba -carbono formado a partir de residuos vegetales- del sótano de Las Tablas de Daimiel estuvo a punto de quemarse por falta de agua, como ocurrió en 2009. El timbre d la alarma de que el proceso podría estar en el Molemocho El molino, una antigua infraestructura hidráulica a base de turba, se puso en marcha cuando su estructura empezó a agrietarse, algo que nunca antes había sucedido, explican fuentes de la junta del parque nacional. Fue entonces cuando se decidió iniciar estudios de emergencia y bombear agua del acuífero, declarado sobreexplotado desde 1994 debido principalmente a la actividad agrícola de la región.
De esta forma se inundaron 200 hectáreas, además de evitar que la turba se incendiara. El plan del parque indica que hasta finales del invierno el agua debería cubrir 1.400 hectáreas de las 1.750 hectáreas de humedal. Cuando estas plantas permanecen secas, se contraen como una esponja, se producen grietas por las que penetra el oxígeno, provocando que la materia orgánica se oxide y aumente la temperatura que enciende la primera chispa. Este año se ha evitado esto, pero los tableros centrales (zonas de inundación) se encaminan hacia el sexto manantial sin agua. Un escenario al que nunca antes se habían enfrentado.
El comportamiento del maltratado Daimiel Tablas confirma que los humedales tienen capacidad de recuperarse si se les da la oportunidad. Esta mesa creada con agua extraída artificialmente del acuífero atrajo en cuatro semanas aproximadamente 7.450 grullas, 818 patos colorados (especies emblemáticas del parque), 690 gansos grises, 835 ánades reales o 30 porrones marrones y nueve cercetas grises, estas dos últimas especies. están en peligro crítico de extinción. A pesar del resurgimiento de la vida, se estima que el número de aves que llegan es un 11% menor que en un año de plena inundación.
La que no ha logrado sobrevivir a la persistente sequía es la masiega, especie vegetal considerada hábitat de interés prioritario en Europa y paisaje más característico de la zona húmeda manchega. El parque nacional lo declaró extinto. No se pudo respetar el plan director del área protegida, que prevé que en 2027 la masiega deberá ampliarse en 50 hectáreas.
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En este escenario y con motivo de la conmemoración del Día Mundial de los Humedales, el presidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, anunció que se encuentra en negociaciones con el Gobierno español para lograr “un acuerdo histórico” que implique la restauración ecológica y conservación del parque nacional, sin dar más pistas. El Ministerio de Transición Ecológica tampoco ofreció más información sobre las actuaciones que se llevarían a cabo a petición de EL PAÍS. Fuentes de la Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha respondieron que los miembros de la comisión ya han decidido por parte de la comunidad autónoma y el Gobierno central -todos políticos- dónde se decidirán las medidas prioritarias, aún desconocidas. Además, se realizan reuniones técnicas.
En diciembre del año pasado, la ministra de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha, Mercedes Gómez, anunció que favorecería la creación de un grupo de trabajo en el que se elaboraría un borrador del plan a desplegar en la zona. El objetivo sería garantizar el volumen de agua del humedal, lo que incluye reducir las extracciones de aguas subterráneas con una zona de especial protección, fortalecer el monitoreo del ecosistema y adquirir terrenos adyacentes al parque nacional. Así como mejorar la calidad del agua y la conservación del hábitat.
Alberto Fernández, de WWF, jefe del Parque Nacional Las Tablas de Daimiel desde hace 15 años, indica que no tienen información, sólo lo dicho durante la última reunión de diciembre, durante la cual se propusieron algunas líneas “muy, muy generales”. . , pero sin detalles. Recordemos que ya existía un plan especial para el Alto Guadiana cuando gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero, en el que se utilizaron 66 millones de euros para comprar derechos de papel (derechos de riego de los agricultores, pero procedentes de fincas que no estaban cultivadas y por tanto no los utilizan). ).
“Fue un fracaso porque no dejaron de extraer agua de los mantos freáticos y se legalizaron 15 hectómetros cúbicos ilegales para cultivos de vid”, explica. También está previsto poner en marcha planes de reforestación, planes de desarrollo alternativo e incluso monitorear a los regantes ilegales. “Pero no se hizo nada”, recuerda. En esta ocasión tiene más confianza porque hay dos antecedentes, el del Mar Menor y Doñana «en los que se hicieron consultas, mesas… hay una lógica, una coherencia».
Fernández dice que en el corto plazo recomiendan mantener los pozos de emergencia en caso de sequía y ampliar el parque. A medio plazo debería plantearse una reconversión de los sectores con el abandono total de los grandes cultivos de regadío y del viñedo. “Hay que convertirlo en tierra firme, pero con una transición justa”, advierte.
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