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    Un nuevo mapa para activar las alertas de calor: ¿a qué temperaturas aumentan las muertes en tu zona? | Clima y medio ambiente

    Azanías Pelayo

    PorAzanías Pelayo

    Feb 11, 2024

    A medida que avanza la crisis climática, los servicios de salud están prestando más atención a los efectos negativos del calentamiento global para la salud. Porque no se trata sólo de un aumento medio de las temperaturas sino también de un aumento de la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor. El Gobierno, a través del nuevo Observatorio de Salud y Cambio Climático -organismo creado a finales de la pasada legislatura en el que participan los ministerios de Sanidad, Transición Ecológica y Ciencias- prepara una reforma del plan de temperaturas extremas encaminada a prevenir las consecuencias negativas efectos del calor. Y es fundamental informar adecuadamente a la población sobre los riesgos, por eso también se están rediseñando los sistemas de alerta sanitaria y alerta meteorológica que utiliza Aemet, la Agencia Estatal de Meteorología.

    Lo que se busca es que las alertas emitidas sean más precisas y unificadas para que el sistema sea más eficaz a la hora de prevenir impactos negativos. Al respecto será imprescindible un informe elaborado por el Instituto de Salud Carlos III: Determinación de umbrales de mortalidad por olas de calor según las regiones isoclimáticas de España. Su investigadora principal es Cristina Linares y fue entregado al Ministerio de Sanidad a finales del año pasado. Este proyecto de investigación, llevado a cabo por EL PAÍS, servirá de base para el nuevo plan de calor en el que las alertas sanitarias ya no las lanzarán provincias como hasta ahora, sino que serán más selectivas y se activarán por regiones isoclimáticas (zonas de territorio homogéneo en cuanto al comportamiento de las temperaturas diarias). Para cada una de estas zonas, el estudio establece la temperatura máxima diaria a partir de la cual la mortalidad aumenta de forma estadísticamente significativa. Dentro de cada provincia española puede haber hasta cinco regiones isoclimáticas con diferencias de temperatura superiores a los 11 grados centígrados que disparen el número de fallecidos.

    Vea en este mapa las temperaturas máximas diarias a partir de las cuales la mortalidad aumenta significativamente en cada una de las regiones isoclimáticas del país. El percentil se refiere al número de veces que normalmente se supera este umbral durante el verano. Por ejemplo, un quinto percentil significa que sólo el 5% de los días de junio, julio y agosto superan, en promedio, la temperatura a la que se producen las muertes.


    Además de afinar aún más las alertas, el objetivo de este estudio elaborado por el Instituto de Salud Carlos III es poder unificar las alertas de Aemet y las del Ministerio de Sanidad. El próximo lunes está prevista la reunión del Observatorio de Salud y Cambio Climático y durante esta reunión se creará un grupo de trabajo específico sobre temperaturas extremas, coordinado por Cristina Linares y su colega del Instituto de Salud Carlos III Julio Díaz. Una de sus misiones será la de unificar las alertas, precisan fuentes del Ministerio de Sanidad. Pero para ello lo importante es que hablen el mismo idioma, cosa que hoy no ocurre. Los de Salud siempre los lanzan las provincias; las de Aemet, por regiones isoclimáticas (zonas de alerta meteorológica, como las denomina este organismo estatal). Gracias al estudio realizado por Linares, ahora ambos estarán alineados geográficamente.

    Pero también existe un problema en cuanto a la referencia a cada alerta. Los avisos de calor de la Aemet se basan únicamente en las series históricas de temperaturas y se activan cuando el calor esperado está fuera del rango normal para la temporada de verano. Pero el estudio elaborado por Linares y su equipo advierte de que «con los conocimientos científicos actuales, es evidente que el impacto de las olas de calor en la salud de la población está modulado por numerosos factores que van más allá de los valores que alcanzan la temperatura máxima diaria». . , es decir la intensidad de esta ola de calor.

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    «Estos factores», continúa el estudio, «abarcan aspectos socioeconómicos como el nivel de ingresos, pero también las características demográficas de la población y su vulnerabilidad». También influyen “el carácter rural o urbano”, “la frecuencia con la que se ven sometidas o no a olas de calor”, “las infraestructuras urbanas con o sin presencia de espacios verdes” o incluso “la calidad de las viviendas”. Por este motivo, el estudio subraya que «no es lógico que la temperatura a partir de la cual se define una ola de calor desde el punto de vista de la salud se base únicamente en un percentil fijo para todos los lugares de un área geográfica».

    Básicamente, no es lo mismo alcanzar los 38 grados en Córdoba en términos de impactos en la salud de la población que en Asturias, por ejemplo. Lo mismo puede ocurrir incluso dentro de la misma provincia. El caso más extremo en España es el de Lugo, provincia formada por cuatro regiones isoclimáticas. Entre la costa de Lugo (donde el umbral de aumento de la mortalidad por calor es de 25,5 grados) y el sur de esta misma provincia (donde es de 37,1) hay más de 11,5 grados de diferencia.

    Para calcular el umbral de cada región isoclimática, los autores de este informe realizaron un estudio epidemiológico basado en los datos de mortalidad natural del periodo comprendido entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de diciembre de 2018. Y cruzaron las temperaturas máximas diarias de la Aemet para establecer momento en el que la mortalidad aumenta significativamente.

    La campiña cordobesa, con 40,4 grados, es la región isoclimática con mayor umbral. Y en el estudio se le asigna un percentil 95; Es decir, sólo el 5% de los días de verano supera esta temperatura, tomando como referencia el periodo comprendido entre 2013 y 2018. Al otro lado está la costa occidental de Asturias, con una temperatura disparada de 23,9 grados centígrados. Y con un percentil 86.

    Los autores de esta investigación subrayan en su informe que “muy pocos estudios abordan el problema del impacto de los extremos térmicos en un nivel inferior al provincial, cuando sabemos que dentro de una misma estructura administrativa definida como provincia, diferentes tipos de condiciones climatológicas manifestarse. Poder disponer ahora de estos nuevos datos a menor escala «supondrá una reducción de la mortalidad por olas de calor y una reducción del número de alertas activadas cada año por las altas temperaturas en España», afirman. . los autores.

    Una de las principales conclusiones a las que llegan estos investigadores es que en el 52,6% de los casos en los que se superan las nuevas temperaturas desencadenantes de mortalidad detectadas para regiones isoclimáticas, las alertas de Aemet no se activarían. Dicho de otro modo: utilizar únicamente el sistema de Aemet “supondría no activar el plan de prevención de olas de calor cuando sea necesario en más de la mitad de las zonas isoclimáticas de España, con la consecuencia de un impacto en la mortalidad que podría evitarse”.

    La idea es perfeccionar aún más este sistema de alertas e incluir más variables de riesgo en los próximos años, explica Julio Díaz. El objetivo es ser cada vez más preciso a la hora de alertar a la población sobre los riesgos de olas de calor que la crisis climática está agravando y generalizando.

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